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RELATOS COLAPSISTAS 2.16 UN FUTURO SOMBRÍO


Texto con licencia CC-BY-NC escrito por Felix Moreno salvo que se indique otra cosa. Esto significa que pudes copiar, corregir, traducir y publicar en tu web si lo deseas siempre que enlaces al original y mantengas la misma licencia. Me gustaria traducir cada uno de estos relatos a cualquier idioma que alguien hable, japones, inglés, catalan, vasco, gallego, bable, asturleones, aragonés, frances, guarani... me gustaría publicar en papel en otros idiomas y llegar a gente sin internet. ¿me ayudas?
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16. UN FUTURO SOMBRÍO

Imagen de FelixMittermeier en Pixabay.

Los próximos 20 años, 2020 a 2040, para quien lea esto después, van a ser tiempos sombríos. Los que hemos vivido la cuarentena en 2020, recordaremos esta fecha como “el principio desde el que todo empezó a ir mal”, no obstante esto es un relato colapsista y el futuro se puede cambiar.

La que fue la peor pandemia desde principios de siglo XX, nos dejó, tras su derrota, muchísimas bajas humanas. Y pasado un tiempo, un mundo mejor, o al menos, un mundo igual al que había hasta la segunda década del siglo XXI.

La economía nunca se recuperó del todo, y era algo obvio, porque la economía ya estaba a punto de decrecer forzosamente, se sostenía con pinzas de deuda. Podríamos haber decrecido desde mediados del siglo XX, cuando algunos ya avisaban de que el petróleo se acabaría, poco a poco, o después de la pandemia de 2020, pero después del susto y los meses de cuarentena, volvimos a apretar el acelerador y todo continuó como si no hubiera pasado nada. 

Imagen de Ellen26 en Pixabay.

Mientras tanto disminuía la energía, disminuía el PIB, y los economistas no lo entendían: desacoplar el PIB de la energía, decían. La realidad se convirtió en un viaje vertiginoso, como cuando las acciones cayeron en el crac de 2020, desde entonces, en la bolsa y en la realidad, ayer era mejor que hoy, y mañana será peor, pero menos que pasado mañana. Y así, cada día, durante dos lustros, año tras año, hasta llegar al nuevo equilibrio existencial y energético, que fue muy muy sombrío.

Pensar en un trabajo estable “para toda la vida”, terminar una carrera o esperar poder vivir como nuestros padres y abuelos a finales del siglo XX, jubilarse con unos ingresos que dieran dignidad a la vejez, no es que fuese un sueño, es que se desvanecía del imaginario colectivo, empezaba a olvidarse que algo así hubiese pasado, las mentes humanas cambiaban intentando existir en la nueva realidad, la de la supervivencia.

Lo que fueron controles para moverse en aquella epidemia donde se cerraron fronteras y ciudades, pasado un tiempo, habían servido de entrenamiento para que cualquier país, con cualquier excusa, pudiese impedir el libre movimiento: una guerra en tal sitio, otra epidemia, una desavenencia política, o simplemente, por sadismo de algún gobernante.

Los países, poco a poco, perdieron su capacidad existencial al perder la energía que los cohesionaba, empezaron a recelar unos de otros. El tráfico aéreo colapsó, como era de esperar, y eso agudizó más la necesidad de cerrar fronteras, pues ahora la gente no viajaba en cómodos aviones donde todo quedaba registrado, ahora, y con los coches siendo algo del pasado, la gente emigraba andando por las fronteras y bosques europeos, mientras los gobiernos restauraban todo tipo de sistemas fronterizos.

Los salvoconductos, que reaparecieron en la primera epidemia, se convirtieron en algo habitual, de la misma manera que se empezaron a dar a discreción a las élites de cada país, lo que permitía viajar a ciertos países y lugares, como al PARALELO 60, mientras los demás debían permanecer en sus casas, bien localizados en todo momento y dando explicaciones hasta para ver a sus familiares. Una idea que surgió fue la de sortear salvoconductos para viajar, junto a una dotación económica, para que cualquiera pudiese tener la suerte de viajar como los ricos.

Desde que la gente nacía, solo podía moverse para trabajar. Mientras tanto, los ricos se iban de caza, a pasar el fin de semana. El ejército detenía, de forma aleatoria y sin motivo, a cualquier ciudadano que estaba en la calle: si no estabas trabajando estabas holgazaneando, al principio porque sí, y después por la nueva ley de maleantes y vagabundos.

Lo peor se lo llevaron las personas de cierta edad, que todavía recordaban lo que era tener derechos, y vacaciones, porque antes del crac de 2020, se podía viajar a casi cualquier sitio, solo había que ahorrar. Muchos enloquecieron, otros se suicidaron, después de 5 años confinados en sus nuevas vidas.

Internet ya no fue nunca más internet, solo podías acceder al entretenimiento procesado y controlado por cada gobierno. Además, se usaba para estar localizado todo el día, era obligatorio llevar siempre la señal encima. Las empresas no dudaron en aceptar las normas de cada país, si eso les generaba beneficios.

Todo lo demás desapareció, los países se desconectaban entre ellos: primero  Rusia de Europa, luego China de Occidente, y después Estados Unidos y los países anglosajones del resto. Cada uno tenía su propio internet, pero todos tenían algo en común: un internet gubernamental e instrumental. Poco a poco la red iba decreciendo.

Por otro lado, el planeta se calentaba, esa década fue la que generó las grandes migraciones. Las migraciones se entremezclaban, unos huían del ecuador hacia occidente, y los ciudadanos occidentales intentaban huir de sus propios estados y leyes. Era más “sencillo” para los que huían de una muerte segura por el cambio climático, nadie les impedía marcharse.

Sin embargo, los que estaban en occidente querían huir de la cárcel en la que se había convertido su vida y su país, pero no había donde ir, salvo que fueses de la élite. Las fronteras se convirtieron en trituradoras humanas, morían miles de personas a manos de las autoridades, y si llegaban y eran atrapadas, simplemente desaparecían. La única opción era vivir escondidos, pero era una opción mejor que morir de hambre y calor.

Y así fue, hasta que pasadas dos décadas, se inició la Guerra Mundial de Clases, y desde entonces nunca nada volvió a ser igual.

Imagen de Jim Black en Pixabay.

. 07/05/2020


Comentarios
Comentario por Senda Silvestre a
08/05/2020 12:20:32
¿Y si con la pandemia en sí o inclusive antes, ya habrá comenzado la gran guerra de clases? Que no es solamente que mueren lxs ancianxs, sino que la gente vulnerable, cosa que se aprecia mucho más en los países 'en desarrollo', como se ha de esperar, pero además se nota en los que ya llevan años sufriendo las políticas de austeridad. Y las cifras de desigualdad en países supuestamente democráticos son asombrosos. Y surge la extrema derecha, exactamente como pasó en los años 30, después de la primera guerra mundial, otra pandemia devastadora y la gran depresión mundial. Esta vez no tendremos a mano tantos recursos energéticos para salvarnos, y contaremos con un aumento de población cuádruplicado...

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