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Nuclear Popcorns


Texto con licencia CC-BY-NC escrito por Felix Moreno salvo que se indique otra cosa. Esto significa que pudes copiar, corregir, traducir y publicar en tu web si lo deseas siempre que enlaces al original y mantengas la misma licencia. Me gustaria traducir cada uno de estos relatos a cualquier idioma que alguien hable, japones, inglés, catalan, vasco, gallego, bable, asturleones, aragonés, frances, guarani... me gustaría publicar en papel en otros idiomas y llegar a gente sin internet. ¿me ayudas?
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Este relato es parte del libro "Relatos Colapsistas 1" que puedes adquirir desde la web de Felix aqui.


Todo empezó de repente, por sorpresa, de un día para otro. En los últimos años, debido a la falta de petróleo, carbón y gas, y la dificultad de mantener un flujo constante, los países del primer mundo habían optado de nuevo por la energía nuclear.

Las centrales antiguas fueron revisadas y actualizadas, o eso dijeron, y les dieron más años de vida de la planeada. Se construyeron más centrales que nunca por todos los territorios que dispusieron de agua cerca, en un alocado intento de mantener la producción de energía estable y mantener los niveles de consumo altos.

La opinión pública, a través de un discurso unánime de todos los medios y partidos políticos de izquierda y derecha, conservadores, ecologistas, progresistas, todos a una, defendieron el derecho al crecimiento y se enfrascaron en la ardua tarea de construir en tiempo record más centrales por todo el planeta.

No había un mañana, era ahora o nunca, los agoreros que hablaban del fin del capitalismo se equivocaban y eran arrinconados e incluso encarcelados en algunos países. Nadie podía estar en contra de la nueva revolución verde nuclear. ¡El progreso se abría paso de nuevo!

Nadie lo vió venir, ni la clase trabajadora ni los ricos. Todos pensaban que al menos por 100 años tendríamos la papeleta energética solucionada. Pero era el momento de volver a la energía nuclear, porque había uranio, no de sobra, pero si suficiente.

Ahora podíamos tener coches eléctricos que se cargaban por las noches con los excedentes nucleares, y empezamos a consumir más electricidad que nunca. A pesar de que los combustibles fósiles ya estaban prácticamente agotados, había más consumo, porque, claro, la nuclear nunca para y había que consumir esos excedentes. Los salvadores de la crisis energética eran alabados en la televisión.

Eso sí, hubo que hacer algunos sacrificios. El no tener petróleo limitó un poco la producción de materiales, canteras y cemento, que se podían seguir haciendo pero en menor medida. El consumo mundial también decayó un poco, sobre todo el marítimo, pero teníamos trenes y electricidad. Todo iba un poco más lento que con la era del petróleo.

Además fue el complemento perfecto para sobrevivir a la catástrofe climática -al menos para los humanos- pues las calles de la mayoría de países eran inhabitables y la gente vivía todo el día entre máquinas de aire acondicionado en verano y bombas de calor en invierno, al estilo Arabia Saudí a principios de siglo. Los ricos se habían ido a tierras más altas, en el paralelo 60.

Habíamos sobrevivido al colapso… o no.

Una fría mañana de enero de 2042, una alerta se encendió en uno de los reactores de última generación en Francia, algo imprevisto, pues estos generadores eran mucho más seguros que los del siglo XX. Tal vez un error de diseño al estilo Chernobyl, tal vez un error humano... en pocas horas esa alerta se había convertido en una emergencia nacional, ¡uno de los reactores había explotado!

Imágenes de Ben Kerckx en Pixabay y de enriquelopezgarre en Pixabay.

Pero esto no era la Rusia de los años 80 donde se podía enviar a la gente a morir sin cuestionarse nada y donde había petróleo de sobra, ni el Japón del siglo XXI donde los Yakuzas contratados por el gobierno enviaban a los desahuciados y a la gente con deudas a morir en la central. Esta vez era Francia, con una opinión pública pendiente que además debía rendir cuentas, no ya solo a Francia, sino a todo el mundo.

Había otro factor, EL FACTOR: De repente nos dimos cuenta de que ya no vivíamos la era del petróleo y ya no teníamos aviones, solo dirigibles, por lo que era imposible acercar uno para maniobrar cerca de la central.

No teníamos una industria capaz de abordar el problema, pues por mucha electricidad que tuviéramos, la habíamos simplificado para ajustarse a la nueva realidad. No teníamos fuentes energéticas alternativas, la red eléctrica estaba caída, sobre todo cerca de la central, no había forma de llegar allí y la radiación era terrible para las baterías de los vehículos eléctricos y toda su sobre ingeniería.

Si ya a principios del siglo 21, en Japón, con toda la energía, tecnología y dinero del mundo, fueron incapaces de apagar de forma rápida y eficiente el reactor, imaginaos como fue en nuestro tiempo, sin maquinaria pesada, sin infinitos recursos y con una opinión pública mundial pendiente de este incidente que empezaba a contaminar más y más kilómetros cuadrados alrededor de la central.

Todos los que iban allí, acababan completamente calcinados por dentro y morían a los pocos días. La población, asustada, se alejaba lo máximo posible de esta central. Esto no iba a ser un Chernobyl donde la gente no sabía qué pasaba y de todas, de repente, nadie se sentía seguro cerca de una central. Migraciones masivas de personas alejándose de todas las centrales nucleares por miedo a que esto pasara. Francia seguía sin poder controlar el problema, y entonces pasó...

Otra central, esta vez cerca de Madrid, explotó. Mismo diseño, y probablemente mismo error, pero esta vez y después de semanas de pánico televisivo en Francia, los españoles no esperaron y huyeron lejos, lejos de cualquier central. Madrid empezó a vaciarse y entonces, de repente, nadie fue a arreglar o revisar la central de Madrid. Los medios de comunicación no daban crédito, el miedo había dejado al país bloqueado. Sabían que no se podía hacer nada, que ya no teníamos la capacidad para desmantelar centrales nucleares, deberíamos haberlo hecho antes, mucho antes.

En Francia, España, Rusia, Japón, Estados Unidos, y en todos los sitios donde se habían instalado estas nuevas centrales o donde ya había de las antiguas, la población huía despavorida. Llegado este momento, los trabajadores de las centrales de todo el planeta, los ingenieros, sus familias... todos, de repente, ese día no fueron a trabajar, nadie quería estar cerca en la próxima explosión. Estaban viendo como moría todo aquel que se acercaba y como quedaban inhabitables áreas inmensas de España y Francia. Nadie era capaz de apagar, controlar o reducir una central descontrolada.

Lo siguiente que se recuerda fue… POP, POP…, POP, POP, POP, POP…, UNA A UNA, TODAS LAS CENTRALES dejadas bajo en control de nadie, ya no por errores de diseño, si no porque ya no había nadie allí para arreglarlas, ni energía en todo el planeta para apagarlas y desmantelarlas... Una a una fueron explotando, como maíz al fuego, las palomitas iban explotando por todo el planeta dejando a todos los países sin luz, energía, transporte y calefacción, y con muchísimas zonas totalmente contaminadas, con lluvias ácidas... y bueno, llevando a la humanidad y a la vida una vez más, este mismo siglo, al borde de la extinción…

Imagen de Pete Linforth en Pixabay.

. 01/12/2019


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